jueves, 15 de noviembre de 2012

Cuando me miro en el espejo...



Cuando me miro en el espejo, veo una chica,
Tiene un pelo castaño, ojos miel y labios de flor,
No usa nada para cubrirse nada,
Su cara y pelo son completamente naturales.

Cuando me miro en el espejo,
La chica siempre sonríe,
''Hola linda'' bromea ella consigo misma,
Y se mira a los ojos por una eternidad.

¿Qué habrá en esos ojos?
Me han dicho que por allí se ve el alma,
Si eso fuera cierto,
¿Cómo es que yo no encuentro nada?

Te amo, le digo a esa chica.
No te creo, me responde ella.
Si lo hicieras, me dice, mejor me tratarías.

Yo si te amo, le insisto.
Pues no se nota, insiste ella.
Pues si enserio me amaras hay mil cosas que no harías.

Mientras de hecho silenciosa, sus labios en mi sueltan,
Tal caballos salvajes que trotan,
Con furia y libertad hacia mí,
Mil palabras que en mi una espada clavan.
Y una lágrima nace en mi ojo.

No me mentirías, dijo ella
No serías tan dura conmigo,
No me buscarías imperfecciones,
Ni me verías de menos.

No te enojarías tanto 
No resolverías los problemas de los demás antes de los míos,
No me mantendrías en eterno invierno,
Quiero ver las flores, estoy cansada de tanto hielo.

No tratarías de que fuera perfecta,
Ni te enfadarías cuando no lo fuera.
No me dejarías aquí sola todo el tiempo, 
Atrapada en la fría celda que creaste.

No me confundirías tanto.
No me despreciarías.
No me compararías con tu hermano, 
Ni nadie mas en esta Tierra.
Me amarías tal como soy, imperfecta pero colorida, al igual que tu vida, al igual que tu historia.

Así soy yo, me grita esa chica.
Acéptalo o olvídame, pero ya me cansé de ser ignorada.
¿A quién le importa el resto del mundo?
¿A quién le importa tus amigas?
¿A quién le importa sus problemas?
¿A quién le importa que tu ayudes a otros y ellos no te ayuden a ti?
¿A quién le importa la opinión de los demás?
¿A quién le importa si estas loca, cuerda, gorda o flaca?

A ti no. A ti nunca. Nunca jamás.
O al menos no debería.
Y si acaso si lo hicieras,
Si enserio me amaras no lo harías.

La chica empezó a llorar, y junto con ella lloré yo.
En sus ojos por primera vez su alma vi,
Y en su alma la vi a ella.
Estaba herida, lastimada y olvidada.
Estaba gris y con frío, 
Esperando una primavera que era pospuesta día a día cada vez mas,
Prometiendo venir en una promesa que era solo confiada por el vacío.
Ella estaba vacía.

Quería su vida de vuelta,
Quería de regreso su corazón,
Quería enamorarse de un príncipe,
Qué exista o no, no le importa en lo absoluto.










Quería un campo de amapolas,
De flores rojas y valientes.
De soles cálidos y brillantes.
Quería que todo volviera a tener color.
Quería cerrar sus ojos y confiar. Quería amar.











Cerré los ojos y en eso me dio frío,
Por un segundo sentí todo lo que esa chica había sufrido, 
Y yo no me permití sentir.
Mi mundo se volvió gris, pero no por mucho.

Abrí los ojos de nuevo, y la chica me miraba fijamente.
Te prometo que te veré todos los días, 
Y no para criticarte,
Te prometo que nunca te sentirás tan pálida,

¿Cómo confiar? Me dijo ella.
Es lo único que puedes hacer en esta vida, le contesté-
Tan solo confiar, confiar en un mañana soleado,
En que todo mejorará,
En que si tu das todo lo que tienes y le sonríes al cielo,
Tus sueños se harán realidad.
Tú no eres Dios, le dije al fin, tú no dices como irán las cosas,
Tú solo haces tu mayor esfuerzo, y con todo tu ser,
Confías...

La chica sonrió, pues mis palabras sinceras fueron,
Y ella de inmediato lo supo.
En sus ojos vi color, alegría y paz.
Un alivio al ver color después de la tormenta,
Rayos de sol atravesando las cínicas nubes dando esperanza,
Avisando el comienzo de un nuevo día con un futuro que promete amor.

Le di un beso a la chica, pues de todo corazón la amaba,
Mi mano contra la de ella extendí,
Una nos hicimos nuevamente, 
Y el alma con el cuerpo se enamora y promete no dejarla.

El alma lo perdona, y le sonríe con calidez,
Pinta un lienzo con color y belleza, y confianza.
Al separarme toqué la mano de la chica para ver que solo era cristal.
Liso, brillante y limpio cristal.

Entonces me reí aun más, 
Y por fin cuenta me dí,
Que si a un espejo tú le hablas,
La esperanza encontrarás.

La chica esta contenta,
Ve todo tipo de color ahora,
Tiene en el cabello una corona de flores,
Y en su corazón un cielo de el más puro celeste.

Y por siempre se quedará así.

O al menos eso es lo que yo pienso...

El abrazo de mil astros, y el esplendor de mil fuegos artificiales,

-María Gabriella Párraga